“Un análisis del crédito de consumo y su impacto en la inclusión financiera”
Durante los últimos años, el acceso al crédito formal en México ha aumentado de manera importante. Sin embargo, contar con una tarjeta o una línea de crédito no necesariamente significa que las personas tengan una mejor salud financiera.
De acuerdo con el estudio Crédito de consumo en México: Acceso, uso y brechas persistentes, elaborado por la Unidad de Inteligencia de Finsus, gran parte del crecimiento del crédito se ha dado a través de productos diseñados para cubrir necesidades inmediatas, especialmente tarjetas de crédito departamentales.
Actualmente, las tarjetas departamentales representan el producto de crédito más utilizado en el país, con una penetración de 22.6%, por encima de las tarjetas bancarias (15.7%), los créditos personales y de nómina (6.9%) y los créditos de vivienda (5.6%).
Esta situación lleva al estudio a una de sus conclusiones más importantes:
«Tener crédito no es lo mismo que estar incluido financieramente.»
El reto va más allá del acceso
Se sabe que el crecimiento del crédito formal ha ayudado a reducir barreras de acceso, pero advierte también que muchos de los productos disponibles actualmente no están diseñados para fortalecer la estabilidad financiera de largo plazo
En muchos casos, el crédito se utiliza para resolver necesidades inmediatas de consumo, lo que puede dificultar la construcción de patrimonio o el acceso a mejores oportunidades financieras en el futuro.
Las MiPyMEs también enfrentan obstáculos
Las pequeñas y medianas empresas son otro de los sectores que enfrentan desafíos importantes. Aunque en México existen más de cinco millones de MiPyMEs, solamente entre 15% y 20% tiene acceso a financiamiento formal.
Como consecuencia, muchas recurren a tarjetas personales para cubrir gastos operativos o financiar capital de trabajo.
El estudio estima que: «más de 4 millones de MiPyMEs operan sin financiamiento estructurado y, en muchos casos, recurren a tarjetas personales para cubrir capital de trabajo y gastos operativos.»
¿El crédito de consumo es bueno o malo?
La investigación aclara que el crédito de consumo no es negativo por sí mismo. Su utilidad depende de cómo esté diseñado y del propósito para el que se utilice.
Un crédito puede convertirse en una herramienta positiva cuando es transparente, se adapta a la capacidad de pago de las personas, ayuda a construir historial crediticio y permite acceder a mejores condiciones con el tiempo.
El problema surge cuando el crédito de consumo se convierte en la principal o única puerta de entrada al sistema financiero.
Una oportunidad para fortalecer la inclusión financiera
El estudio concluye que el desafío no consiste únicamente en ampliar el acceso al crédito, sino en desarrollar productos que respondan mejor a las necesidades reales de las personas y los negocios.
Como señala: «El principal reto, es pasar de ampliar el acceso, a ofrecer productos de crédito adecuados a las necesidades y condiciones reales de los usuarios.»
En otras palabras, el objetivo no debe ser solamente que más personas tengan crédito, sino que ese crédito contribuya a construir estabilidad financiera, patrimonio y oportunidades de crecimiento en el largo plazo.
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“Un análisis del crédito de consumo y su impacto en la inclusión financiera”
Durante los últimos años, el acceso al crédito formal en México ha aumentado de manera importante. Sin embargo, contar con una tarjeta o una línea de crédito no necesariamente significa que las personas tengan una mejor salud financiera.
De acuerdo con el estudio Crédito de consumo en México: Acceso, uso y brechas persistentes, elaborado por la Unidad de Inteligencia de Finsus, gran parte del crecimiento del crédito se ha dado a través de productos diseñados para cubrir necesidades inmediatas, especialmente tarjetas de crédito departamentales.
Actualmente, las tarjetas departamentales representan el producto de crédito más utilizado en el país, con una penetración de 22.6%, por encima de las tarjetas bancarias (15.7%), los créditos personales y de nómina (6.9%) y los créditos de vivienda (5.6%).
Esta situación lleva al estudio a una de sus conclusiones más importantes:
«Tener crédito no es lo mismo que estar incluido financieramente.»
El reto va más allá del acceso
Se sabe que el crecimiento del crédito formal ha ayudado a reducir barreras de acceso, pero advierte también que muchos de los productos disponibles actualmente no están diseñados para fortalecer la estabilidad financiera de largo plazo
En muchos casos, el crédito se utiliza para resolver necesidades inmediatas de consumo, lo que puede dificultar la construcción de patrimonio o el acceso a mejores oportunidades financieras en el futuro.
Las MiPyMEs también enfrentan obstáculos
Las pequeñas y medianas empresas son otro de los sectores que enfrentan desafíos importantes. Aunque en México existen más de cinco millones de MiPyMEs, solamente entre 15% y 20% tiene acceso a financiamiento formal.
Como consecuencia, muchas recurren a tarjetas personales para cubrir gastos operativos o financiar capital de trabajo.
El estudio estima que: «más de 4 millones de MiPyMEs operan sin financiamiento estructurado y, en muchos casos, recurren a tarjetas personales para cubrir capital de trabajo y gastos operativos.»
¿El crédito de consumo es bueno o malo?
La investigación aclara que el crédito de consumo no es negativo por sí mismo. Su utilidad depende de cómo esté diseñado y del propósito para el que se utilice.
Un crédito puede convertirse en una herramienta positiva cuando es transparente, se adapta a la capacidad de pago de las personas, ayuda a construir historial crediticio y permite acceder a mejores condiciones con el tiempo.
El problema surge cuando el crédito de consumo se convierte en la principal o única puerta de entrada al sistema financiero.
Una oportunidad para fortalecer la inclusión financiera
El estudio concluye que el desafío no consiste únicamente en ampliar el acceso al crédito, sino en desarrollar productos que respondan mejor a las necesidades reales de las personas y los negocios.
Como señala: «El principal reto, es pasar de ampliar el acceso, a ofrecer productos de crédito adecuados a las necesidades y condiciones reales de los usuarios.»
En otras palabras, el objetivo no debe ser solamente que más personas tengan crédito, sino que ese crédito contribuya a construir estabilidad financiera, patrimonio y oportunidades de crecimiento en el largo plazo.
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